30 de julio de 2026 · 5 min de lectura

Primera División ve menos amarillas que nunca, y no es porque se juegue más limpio

La temporada 2025-26 cerró con la media de amarillas más baja de las once últimas. La tentación es leerlo como que el fútbol español se ha civilizado. Los datos dicen otra cosa: se cometen casi las mismas faltas, pero el árbitro tarda más en sacar la cartulina.

En la temporada 2015-16, los árbitros de Primera División sacaron 2.106 tarjetas amarillas en 380 partidos. Diez cursos después, en la 2025-26, sacaron 1.642. Son 464 amonestaciones menos en el mismo número de encuentros, entre los mismos veinte equipos, con las mismas reglas de juego.

Traducido a media por partido: de 5,54 a 4,32 amarillas. Un 22 % menos. Y no es un bache de una temporada suelta: es el punto final de una tendencia que se puede seguir año a año.

Once temporadas, una sola dirección

Esta es la serie completa de amarillas por partido desde la 2015-16, calculada sobre los 4.180 encuentros de las once temporadas (excluidas las tarjetas al banquillo, que no computan para equipos ni árbitros):

2015-165,54 amarillas/partido
2016-175,24 amarillas/partido
2017-185,06 amarillas/partido
2018-195,16 amarillas/partido
2019-204,91 amarillas/partido
2020-214,41 amarillas/partido
2021-224,97 amarillas/partido
2022-234,97 amarillas/partido
2023-244,71 amarillas/partido
2024-254,40 amarillas/partido
2025-264,32 amarillas/partido

Las barras arrancan en 4,00, no en cero, para que se aprecie la diferencia entre temporadas.

La línea no baja en línea recta —la 2018-19, la 2021-22 y la 2022-23 rebotaron respecto al año anterior— pero la dirección de fondo no admite discusión. Las cinco temporadas más tarjeteadas de la serie son las cinco primeras; las tres menos tarjeteadas son las tres últimas. La 2025-26, con 4,32, es el mínimo de todo el periodo.

Merece un apunte la 2020-21, que quedó en 4,41: fue la temporada que se jugó casi entera con los estadios vacíos. Parecía un dato excepcional, y de hecho el curso siguiente rebotó hasta 4,97. Lo llamativo es que cinco años después esa cifra anómala ya se ha quedado por encima de la normalidad: la liga con público de 2025-26 saca menos amarillas que la liga sin público de 2020-21.

Las faltas no bajaron ni de lejos igual

Aquí está el nudo del asunto. Si las tarjetas caen un 22 %, la explicación cómoda sería que se cometen muchas menos faltas: mejor técnica, menos contacto, juego más limpio. Los datos de faltas señaladas por partido dicen lo siguiente:

Una caída del 8 %. Real, pero muy lejos del 22 % de las tarjetas. Se juega algo más limpio, sí; no tres veces más limpio.

La forma útil de mirarlo es el cociente entre ambas cifras: cuántas faltas hacen falta, de media, para que salga una amarilla. Es lo que en Silbato Pro llamamos tolerancia, y es el número que mejor resume el criterio de una temporada entera:

Casi una falta entera más de margen antes de que el árbitro se lleve la mano al bolsillo. Un 18 % más de tolerancia en once temporadas. Esa es la explicación de fondo: el juego cambió un poco, el criterio cambió mucho más.

Nota metodológica: las faltas por partido de la 2025-26 se calculan sobre los 367 encuentros de los que hay estadística de faltas por jugador (el 97 % del total). Las tarjetas sí cubren los 380.

Los partidos de guerra casi han desaparecido

La media esconde lo que de verdad ha cambiado. Lo que se ha desplomado no es el partido normal, sino el partido desbocado, ese que acababa con la cartulina en la mano cada diez minutos:

El detalle es revelador. El fútbol sin tarjetas no ha crecido; lo que se ha extinguido es el extremo contrario. Ya casi no hay partidos que se le vayan de las manos al colegiado, porque el umbral para la primera amarilla —y para la tercera, y para la quinta— está mucho más alto que hace una década.

Las rojas van por libre

Si la tendencia de las amarillas es clara, la de las expulsiones no lo es en absoluto. La 2015-16 cerró con 0,28 rojas por partido y la 2025-26 con 0,25: apenas nada. Y por el camino la serie da saltos que no siguen ningún patrón — la 2017-18 se quedó en 0,18 (69 expulsiones, el mínimo) y la 2022-23 se disparó a 0,37 (139 expulsiones, el máximo con diferencia).

Tiene sentido, y confirma que son dos decisiones distintas. La amarilla es criterio: dónde pone cada árbitro el listón de lo amonestable. La roja suele ser un hecho —una entrada grave, una mano que impide un gol, una segunda amarilla— y depende mucho menos de la escuela del colegiado. Por eso la primera se puede predecir con bastante fiabilidad y la segunda mucho menos.

Qué cambia esto para quien mira el partido

Una liga con menos amarillas no es una liga más aburrida ni más blanda. Es una liga en la que la tarjeta vale más, y donde las referencias antiguas engañan:

Un cambio silencioso

Nadie anunció esta transformación. No hubo una circular, ni una rueda de prensa, ni un cambio de reglamento que dijera «a partir de ahora se amonesta menos». Simplemente, temporada a temporada, el listón fue subiendo unos centímetros. Y once temporadas después, el partido que ve un espectador de Primera División es disciplinariamente distinto del que veía su versión de 2015.

Es exactamente el tipo de cambio que solo se ve con la serie completa delante. Partido a partido, es invisible.

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